Lucian Freud está de moda: del biopic con Kate Moss al catálogo de Zara Home

Algunos ya hemos visto la escena en pantalla con el estreno del biopic Moss & Freud: el artista y la modelo, pero sabemos que ocurrió de verdad en un estudio destartalado de Londres en 2002.

Kate Moss, el icono absoluto de la perfección y la alta costura de los noventa, se encuentra frente al caballete del pintor Lucian Freud, contemplando el retrato que este le ha hecho tras nueve meses de largas sesiones de posado. Pero su expresión dista mucho de mostrarse satisfecha. Más bien al contrario, refleja un momento de puro desconcierto e incluso rechazo.

En el retrato que Kate observa conteniendo el aliento no hay ni rastro de la musa etérea de las pasarelas. En su lugar, el pintor de la carne ha inmortalizado una mirada opaca, una piel cetrina y una crudeza anatómica en la que no reconocemos ni de lejos a la supermodelo real. La perplejidad de la “party girl” del momento da paso a algo parecido a la indignación. Kate Moss deja la escena trastabillando sin mirar atrás.

Avancemos dos décadas. El nombre de ese mismo pintor, famoso por las paredes descascarilladas de su estudio y su militancia contra la belleza comercial, descansa hoy en la portada en un elegante libro de mesa en los escaparates de Zara Home.

¿Cómo ha llegado el artista más descarnado del siglo XX convertirse en el último grito de la decoración aesthetic?

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Libro "Love Lucian", editorial Thames & Hudson, 2022

¿Quién era Lucian Freud?

Lucian Freud (1922–2011) era nieto de Sigmund Freud (sí, el padre del psicoanálisis). Nació en Berlín, aunque su familia emigró a Londres huyendo del nazismo cuando él era adolescente. Allí desarrolló toda su carrera, convirtiéndose en uno de los pintores figurativos más importantes del siglo XX y en uno de los grandes impulsores de lo que se conoce como la Escuela de Londres.

Este movimiento artístico reivindicaba la pintura figurativa como reacción al auge del arte abstracto de la época. Entre este grupo de artistas se encontraban, junto con Freud,  Francis Bacon o Frank Auerbach.

La obsesión de Lucian Freud era el cuerpo humano. No el cuerpo idealizado ni el cuerpo erótico, sino el cuerpo real, con sus kilos de más, sus arrugas y su vulnerabilidad. Sus modelos posaban durante cientos de horas a lo largo de meses y esta cercanía física, a veces incómoda, también quedaba plasmada en el lienzo. Los retratos de Freud iban mucho más allá de la semejanza física y nunca dejaban indiferente aunque, como en el caso de Kate Moss, no siempre necesariamente para bien.

Una “socialité” del siglo XX

Lucian Freud podría definirse como uno de estos casos de personas que, ya desde la cuna, nacieron para triunfar. A lo largo de su vida, llevar el apellido Freud le abría cualquier puerta automáticamente. Ser nieto del padre del psicoanálisis le otorgaba un aura de profundidad intelectual y misterio psicológico irresistible para la élite.

Freud se convirtió en un pintor con una obra artística respetable, sí, pero su árbol genealógico le habría permitido convertirse en cualquier cosa que se hubiera propuesto ser. Formaba parte de la aristocracia cultural británica, se codeó con la realeza y llegó a retratar a la reina Isabel II.

Aunque su pintura era cruda y realista, este aura de sofisticación que rodeó su vida sigue atrayendo a las marcas de moda. Su reputación no se ha apagado después de su muerte en 2011. Sus obras alcanzan precios astronómicos en subasta, y aunque curiosamente su nombre había permanecido bastante ausente del relato público, parece ser que en 2026 Lucian Freud vuelve a estar de moda.

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Retrato de Lucian Freud "Naked man on bed"

La paradoja de la cultura “aesthetic» en Zara Home

No es que lo digan los libros de arte, es que cualquiera que se haya parado ante los densos lienzos de Lucian Freud en la Tate Britain lo sabe bien: su pintura no busca agradar. Yo tuve la ocasión de visitar recientemente la exposición London Calling en La Haya para entender por mí misma por qué afirmaba que él no quería pintar belleza, sino vida.

Su visión un tanto despiadada de la condición humana no solamente se reflejaba en su obra sino también en la decadencia bohemia de su entorno. Tal y como aparece en la película, su estudio londinense acumulaba capas de roña y pintura seca en todas sus paredes. Paredes, que por otro lado, no solo en el estudio sino en toda la casa parecían a punto de caerse a pedazos a base de desconchados.

Quizás por eso me resulta fascinante la paradoja de encontrarme con este extraño fetiche en las estanterías de Zara Home. El paraíso de la decoración “cuqui” nos ofrece la correspondencia de juventud de Lucian Freud empaquetada como un perfecto objeto de deseo en una cuidada edición de Thames & Hudson.

Una presencia sin duda inquietante tanto en el catálogo de Zara Home como en nuestros salones minimalistas si nos quedamos en este punto del relato. ¿Por qué el libro Love Lucian se presenta como el accesorio de diseño perfecto para nuestros salones minimalistas si hablamos de un pintor tan poco amigo de lo “aesthetic”?

Simplemente porque, no nos engañemos, decorar con su libro la mesa de centro del salón no implica que también vayamos a colgar una reproducción de una obra de Lucian Freud en nuestras impolutas paredes blancas. Siendo sinceros, según la estética de la cultura pop contemporánea, en plena era digital donde lo habitual es la perfección pulida de Instagram o Pinterest, los retratos de Freud nos resultan horribles. Lo que vende aquí es su nombre, por supuesto, y el contenido del volumen, mucho más amable que su visión descarnada del mundo como artista plástico.

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Detalle del libro "Love Lucian" (Thames&Hudson)

Las cartas: Lucian antes de ser el gran Lucian Freud

Love Lucian reúne las cartas que Freud escribió entre 1939 y 1954 , desde los 17 hasta los 32 años a una constelación de personas que poblaron su vida en ese período: sus padres, sus amigos, sus amantes, sus mecenas. Entre ellos, el poeta Stephen Spender, el crítico Kenneth Clark y Sonia Orwell, viuda de George Orwell.

Lo que hace especial el libro es el formato: las cartas se reproducen en facsímil, en la caligrafía original de Freud. Una letra curiosamente infantil, según los críticos,  y su seudónimo de la niñez, “Lux”, en las misivas dirigidas a su familia. Muchas de ellas están ilustradas con dibujos y garabatos. El volumen no pretende ser una biografía ni un ensayo crítico. Se trata de algo mucho más íntimo: el artista hablando en primera persona, antes de que el mito hablara por él.

Lo que aparece en esas páginas es un Freud lleno de ingenio, de irreverencia, de afecto y de una energía que los que le conocieron describían como casi sobrehumana. Su amigo Stephen Spender lo definió así: «totalmente vivo, como algo no del todo humano, un duende, un niño cambiado, o si existe el equivalente masculino, una bruja.»

Este volumen fue elegido uno de los mejores libros de arte de 2022 por The Times, y el Sunday Times lo comparó con el momento en que Paul McCartney coge el bajo y crea Get Back de la nada en el documental de los Beatles. Una de esas raras veces en que el crítico da con la metáfora exacta.

Lucian y Kate: una amistad inesperada

Una combinación sorprendente: Lucian Freud ya con 80 años y Kate Moss a sus 28 cruzaron su trayectoria vital forjando una camaradería tan entrañable como curiosa.

Todo empezó en el año 2000, cuando Kate Moss declaró en una entrevista con Dazed & Confused que uno de sus grandes deseos pendientes en la vida era que Lucian Freud la pintara.

Históricamente, Freud despreciaba pintar a celebridades. Rechazó a la princesa Diana o al papa Juan Pablo II porque argumentaba que los famosos ya tenían una «segunda piel». Sostenía que la mirada constante del público los había fosilizado, volviéndolos impenetrables para su pincel. Sin embargo, en el caso de Kate Moss le pareció interesante al tratarse de una modelo. Contra todo pronóstico, aceptó el reto pero impuso sus reglas: no iba a ser un retrato glamuroso como a los que Kate estaba acostumbrada.

La hija del pintor organizó el encuentro, y lo que vino después fue uno de los vínculos más singulares del arte contemporáneo.  

El estudio de él estaba lleno de trapos sucios y capas de óleo seco pegadas a la pared. El mundo de ella estaba hecho de pasarelas brillantes y portadas de revista. Él estaba acostumbrado a pintar modelos que posaban para él. Ella estaba acostumbrada a posar para los flashes. Sin embargo, mientras que la modelo del pintor no es más que su “musa”, la modelo Kate Moss era en sí misma una “diva”.

Las sesiones eran extremadamente largas: diariamente de 7 de la tarde a 2 de la madrugada durante nueve meses en el estudio de Holland Park de Freud. Además, durante el proceso Kate descubrió que estaba embarazada de su hija Lila Grace.

El resultado fue Naked Portrait 2002, que en 2005 se subastó en Christie’s por 3,5 millones de libras. Y el remate: Freud, que había adquirido sus habilidades como tatuador durante una experiencia en la marina, le tatuó en el muslo una pequeña bandada de pájaros.

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"Naked Portrait 2002", el retrato de Kate Moss por Lucian Freud

La película: Moss & Freud, el pintor y la modelo

Este  tándem improbable entre la supermodelo y el “psicoanalista del pincel” es lo que inmortaliza la película Moss & Freud. La cinta no se centra en la época de Love Lucian o en la trayectoria del pintor en la Escuela de Londres, sino en la extraña simbiosis entre estos dos mundos aparentemente opuestos.

A James Lucas le interesaba retratar la colisión entre el vanguardismo de la alta cultura, representado por un anciano Freud en la recta final de su vida, y el fenómeno de masas de la cultura pop, representado por Kate Moss como reina del glamour de los noventa. La relación de camaradería improbable entre esta la “extraña pareja” o “odd couple” como la define James Lucas es la verdadera protagonista de esta historia.

Al igual que el libro de Zara Home, la película esquiva deliberadamente la faceta más puramente artística de Freud, excepto para mostrar su trabajo en Holland Park como escenario del posado de Kate Moss. James Lucas probablemente sabe que al público de hoy le da igual cómo se fundó la Escuela de Londres, y no le interesan los debates artísticos entre Lucian y Francis Bacon. lo que vende de Freud y otros grandes mitos de su época quizás no es tanto su obra como su «iconicidad».

Al espectador tampoco le sorprende la reacción de Kate Moss, cuyo leiv motiv era “Nada tiene tan buen sabor como verse delgada”, al verse inmortalizada por el pincel más despiadado de Gran Bretaña.  El retrato de «piles of melting flesh» (montones de carne derretida), como denominaba Freud a su estilo, contrasta con la estética perfecta de las redes sociales a las que estamos acostumbrados.

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